En la época de nuestros padres y abuelos todavía era común el dicho: “Una nalgada a tiempo hace al hijo bueno”. Pero está demostrado que el castigo físico no solo es ineficiente sino que podría causar daño a nuestros hijos a corto y largo plazo: depresión, trastornos mentales, incluso alcoholismo y desórdenes alimenticios. 

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Un estudio de la Universidad de Michigan, a cargo de Tracie Afifia y Derek Ford, indica que el uso de nalgadas, pellizcos, jalones, cocos y otros “métodos correctivos” que implican violencia física y psicológica, incrementan el riesgo de que esos niños sean adultos deprimidos e incluso intenten el suicidio.  

La investigación titulada Spanking and adult mental health impairment, se realizó con datos de 8 mil 300 adultos entre 19 y 97 años. En el sondeo respondieron preguntas sobre sus experiencias negativas durante la niñez y los problemas físicos y mentales que presentan como adultos.

Alrededor del 55% de los participantes dijeron haber recibido golpes durante la infancia. Fue precisamente ese grupo el que presentó mayor probabilidad de caer en depresión y trastornos mentales.

Los autores señalan que la agresión como forma de educar a los niños debe ser considerada abuso físico y emocional. Genera traumas, afecta el desarrollo de los hijos e interfiere en la forma como enfrentan los problemas de adultos.

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Las nalgadas son un método ineficaz que podría causar mucho daño a los niños. Foto: Pixabay
Las nalgadas son un método ineficaz que podría causar mucho daño a los niños. Foto: Pixabay

Los padres no deberían usar nalgadas con sus hijos

Afifia y Ford definen las nalgadas como el uso de la fuerza física, con la mano abierta, cuya intención es que el niño experimente dolor, pero no lesiones graves, con el propósito de corregir o controlar su comportamiento.

La Academia Estadounidense de Pediatría indica en su Guía para una disciplina efectiva que a través de las nalgadas y otros castigos corporales se consigue la atención del niño, pero no es una estrategia adecuada para enseñarle la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto. Por el contrario, hace más probable que los niños sean intransigentes y agresivos en el futuro. 

De acuerdo con la psicóloga Tina Payne Bryson, autora de los libros El cerebro del niño y Disciplina sin lágrimas, los castigos físicos son contraproducentes. Durante el World Parenting Forum 2021, la experta indicó: 

“Cuando usamos los castigos físicos como método de crianza conseguimos miedo y  que entren en un estado de alerta y amenaza. Esto como instrumento de control es contraproducente porque aumenta el estrés y es menos probable que los niños corrijan esa conducta. Para que un niño logre aprender debe sentirse seguro y estar en un estado receptivo”.

Pero eso no es todo, en otros estudios como el de los investigadores AkemiTomoda y HanakoSuzuki, se ha detectado que los niños que sufrieron exposición repetida al castigo corporal tienen una reducción en la materia gris del cerebro, lo que desencadena un cociente intelectual de menor desempeño y afecta su cognición social.

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Erradiquemos el uso de castigos físicos

Cada vez más países tienen en sus legislaciones la prohibición de los castigos corporales como método de crianza. En México, desde septiembre de 2020, se logró una reforma en la que se reconoce el derecho de la niñez a vivir en condiciones de paz, sin agresiones. 

«Esto se da en el terreno del derecho familiar y civil. Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho de recibir educación, pero queda prohibido que la madre, padre o cualquier persona que ejerza la patria potestad utilice el castigo corporal o humillante como forma de disciplina”, declaró el entonces senador Martí Batres, quien presentó la iniciativa. 

En la ley se define el castigo corporal como todo acto en contra de niñas, niños y adolescentes en el que se utilice la fuerza física como: pellizcos, empujones, golpes con la mano, quemaduras o cualquier otro acto que cause dolor.

Por generaciones se ha pensado que la «la letra con sangre entra», pero ya es momento de utilizar otras estrategias.

«Muchas persona asocian la disciplina con un castigo. Lo que propongo es que regresemos a la esencia de la disciplina, a su origen, a los discípulos de Jesús que aprendían de su maestro. La disciplina siempre se trata de la enseñanza para que los niños puedan mejorar con el tiempo. Si ustedes cambian la idea de disciplina en la oportunidad de enseñar van a transformar su crianza», finaliza Tina Payne Bryson.

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