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Pequeños traviesos

Acompaña y ayuda a tus hijos, pero NO los sobreprotejas

Aunque sobreprotegemos para evitarles dolor a nuestras hijas e hijos, si lo hacemos, terminamos perjudicándolos.

Por Ollin Islas Romo

Una gran parte de nuestra tarea como madres o padres es cuidar y proteger a nuestras hijas e hijos. Es, de hecho, algo que hacemos por instinto. Sin embargo, cuando nuestras crías comienzan a adquirir cierta independencia (por ejemplo, desde que empiezan a hacer cosas por sí mismos, como gatear o caminar) es probable que nos preguntemos qué tanto debemos intervenir en sus procesos.

Una realidad que, en ocasiones, cuesta aceptar durante la maternidad, es que no podemos evitarles a nuestras hijas e hijos el dolor implícito en algunas experiencias que tendrán a lo largo de su desarrollo. Lograrlo, o tan solo intentarlo, puede resultar perjudicial no solamente para ellos, sino para toda la familia. Por eso es muy importante que aprendas a identificar si estás sobreprotegiendo y qué debes hacer al respecto.

Identificar la sobreprotección

La psicóloga Karina Herrera afirma que “para muchas madres y padres es difícil identificar si están sobreprotegiendo porque su intención es hacerles un bien a sus hijas e hijos. Muchos, incluso, asocian la no intervención con el descuido y la negligencia”. 

Los motivos por los que nos volvemos sobreprotectores pueden ser diversos y están relacionados tanto con nuestra propia historia (quizá nos sentimos abandonados durante nuestra infancia) o con el ambiente hostil en el que vivimos (en las grandes ciudades es más común que ocurra).

Pero, ¿cómo identificar si estamos llevando la protección demasiado lejos? Karina Herrera nos ofrece algunos rasgos frecuentes entre las madres y padres sobreprotectores:

  • Hacen cosas por los hijos que ya son capaces de hacer por sí mismos: vestirlos, bañarlos, lavarles los dientes o hacerles la tarea cuando ya pueden realizarlo solos.
  • No permiten que se relacionen con el mundo: evitan a como dé lugar que los niños corran el riesgo de caerse, lastimarse o ensuciarse, por ejemplo.
  • Resuelven sus problemas. Desde hacerles la tarea hasta pelearse o hablar con el amiguito que lo molestó en clase. 
  • No permiten que tengan una voz propia. Suelen responder por ellos porque consideran que saben más que ellos sobre sí mismos.

Un mar de consecuencias

Desafortunadamente, al intentar proteger a nuestras hijas e hijos de los sufrimientos del mundo contribuimos a disminuir su capacidad de ser autónomos y de enfrentarse a las adversidades. “Es importante que mamás y papás comprendan que cuando dejamos que los pequeños se enfrenten a situaciones que provocan dolor, frustración o tristeza, contribuimos también a que construyan sus propios recursos para resolver. Esto es vital para desarrollar independencia, madurez y resiliencia”, dice Herrera.

Te recomendamos: Para que triunfen en la vida, dejemos fallar a nuestros hijos.

Los niños sobreprotegidos suelen ser temerosos, tienen baja estima y les cuesta mucho trabajo tomar decisiones, además son más propensos a la depresión. En el libro El cerebro del niño explicado a los padres, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao explica que cuando los padres intervienen constantemente en los procesos de los hijos, se les quita la confianza, se vuelven más vulnerables y tienen un mayor riesgo de sufrir de depresión.  

Dejar que tu hija o hijo aprenda a lidiar con los claroscuros de la vida no te hace mala mamá o papá.

Acompañar sin sobreproteger

No sobreproteger no es lo mismo que abandonar. Es acompañar a nuestras hijas e hijos en sus procesos respetuosamente, dejándolos ser y desarrollarse. Nuestra experta te ofrece estos consejos:

  • Déjalo jugar libremente. No te agobies por los golpes o la suciedad. Nada de esto es grave y es necesario para su formación.
  • Permite que se relacione con otros. Tu niño o niña debe convivir con otros menores y adultos para establecer vínculos independientes, aprender a resolver problemas y trabajar en equipo.
  • Ayúdalo solamente si te lo pide. Déjalo experimentar e intentar. Si pide que lo ayudes hazlo, pero no resuelvas sus problemas.
  • Asígnale responsabilidades. Los niños suelen ser muy curiosos, cooperativos y solidarios. ¡No le quites ese impulso a tu hija o hijo! Dale tareas en casa para que contribuya al bienestar común. 

Dejar que tu hija o hijo aprenda a lidiar con los claroscuros de la vida no te hace mala mamá o papá. No sobreprotegerlo no significa que lo dejarás solo: tú puedes encontrar la manera de hacerle saber que siempre caminas a su lado y serás su puerto seguro cada vez que vuelva a ti. 

Los niños sobreprotegidos suelen ser temerosos, tienen baja estima y les cuesta mucho trabajo tomar decisiones.

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