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Pequeños traviesos

Pongamos un alto al “adultocentrismo”

Cuando dices “eres muy chico para entenderlo” o “cuando seas grande podrás opinar”, estás siendo adultocéntrico, es decir, imponiendo tus creencias y dañando a tus hijos e hijas.

Por Nayeli Rueda

El adultocentrismo es una forma de educar poco o nada democrática. Los padres repiten frases, como: “aquí mando yo”, “cuando ganes tu dinero podrás opinar”, “haz lo que te digo y punto”, “eres muy chico para entenderlo” o “cuando seas grande podrás opinar”.

Para la doctora Heidi Fritz Macías, académica de la Universidad Iberoamericana (UIA), a veces los adultos educan en la imposición, creyendo, erróneamente, que tienen toda la verdad. Pero en el mundo infantil, las niñas y los niños son los expertos.

Los adultos necesitamos acercarnos al universo de los pequeños; mirarlo y comprender cuáles son sus inquietudes, y nunca pedirles que sea al revés: “los infantes son muy creativos, inventan, imaginan y necesitan respeto a través del diálogo”, dice la académica.

Para el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), frases como: “usted no me contradiga, aquí el adulto yo soy” o “este niño es mío y si quiero me lo como”, forman parte de una perspectiva adultocéntrica.

En este tipo de educación, las personas adultas se consideran superiores a los menores de edad y ejercen autoritarismo en la interacción y convivencia cotidiana. Tanto en la casa como en la escuela, los adultos:

  • Olvidan que las niñas, niños y adolescentes tienen los mismos derechos.
  • Minimizan sus ideas y propuestas.
  • Descalifican sus necesidades y sentimientos.
  • No los escuchan, ni les permiten expresarse.
  • Normalizan las violencias por considerar que son parte de la educación.

Promover la sana convivencia

Fritz Macías, doctora en educación, comenta que si bien en casa deben existir normas y acuerdos preestablecidos, los padres necesitan alejarse del mundo adultocéntrico y dejar de pensar que ellos son los expertos y los que tienen la razón.

Los adultos pueden aprender mucho de los infantes y viceversa: “en la medida en que podamos empoderar a las niñas y niños y escuchar su voz y opinión, construiremos un mundo mucho más democrático. De lo contrario, estaremos frenando su desarrollo”.

El adultocentrismo afecta los derechos humanos básicos de niñas, niños y adolescentes al discriminar, subordinar y relegar sus ideas, propuestas y sentimientos, solo por el hecho de tener una edad menor. A largo plazo, genera relaciones asimétricas, además de reproducir y perpetuar el autoritarismo.

SIPINNA.

Superar el adultocentrismo

Si queremos que nuestros hijos ejerzan sus derechos de forma responsable y que respeten el derecho de los demás, debemos eliminar estas prácticas impositivas al educar y privilegiar sus derechos.

Un gran número de padres y madres educan como ellos fueron criados. Sin embargo, los adultos podemos y debemos hacer cambios y ajustes para ejercer la paternidad y maternidad de acuerdo con nuestras circunstancias actuales.

La experta en infancia propone implementar, de manera creativa, nuevas prácticas en beneficio de los niños. La clave es tener respeto por ellos y la creencia firme de que a través del diálogo se lograrán entendimientos y acuerdos, y así, poco a poco, permitir que también se vaya desarrollando la libertad.

Algunos padres ejercen un control férreo sobre sus hijos e hijas. Si bien debemos guiar y protegerlos, también “hay que darles más libertad para que ellos puedan empezar a tomar acciones e iniciativas y desarrollen su creatividad”.

En México, el ejercicio del derecho a la participación aún tiene importantes desafíos, por ejemplo, acabar con una visión adultocéntrica y/o tutelar de los derechos de la infancia y adolescencia, así como tomar en cuenta y valorar las opiniones de los niños y reconocer sus derechos.

UNICEF.

Entre las acciones que podemos hacer los adultos para erradicar el adultocentrismo, están:

  • Reconocer que la participación de los menores de edad es una oportunidad de diálogo, que abona en la resolución de conflictos de forma pacífica y evita llegar a la violencia.
  • Tomar en cuenta sus opiniones, sin verlas como una falta de respeto o una amenaza a la autoridad en la casa o la escuela.
  • Involucrarlos en las decisiones, escuchar y valorar sus aportes frente a un tema o problema, tanto en la casa como en la comunidad.
  • Explorar nuevas soluciones para enfrentar los desafíos de la vida en familia, en las escuelas y la comunidad.

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