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Pequeños traviesos

Los riesgos de ser papá o mamá “barco”

Un niño sin límites y que no respeta las reglas tendrá problemas para relacionarse con los demás. Conoce las consecuencias de ser un padre permisivo.

Por Nayeli Rueda

Inculcar disciplina a las niñas, niños y adolescentes, contribuye a su formación. Las madres, los padres y los adultos referentes tienen la responsabilidad de guiarlos para que aprendan a manejar sus emociones y resolver los conflictos con responsabilidad y respeto a las normas, de acuerdo con el documento Herramientas para la crianza, editado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Si te da miedo decirle que NO a tu hijo, porque te vaya a dejar de querer, si tu hijo siempre se sale con la suya porque prefieres no pelear, si para ti la única regla en casa es demostrarle a tu hijo cuánto lo quieres, deberías hacer un alto y pensar en que esto no es lo mejor para él o ella.

No caer en extremos

Tampoco se trata de educar en el otro extremo. Los niños que crecen con personas adultas autoritarias, que emplean métodos disciplinarios violentos de forma regular, tienden a mostrar menor autoestima y peores resultados académicos, son más hostiles y agresivos, menos independientes y más proclives al abuso de sustancias peligrosas durante la adolescencia, agrega UNICEF.

A ello, agrega el organismo, la exposición a situaciones de violencia también puede alterar el desarrollo fisiológico del cerebro y repercutir en el crecimiento físico, cognitivo, emocional y social del niño.

Poner límites no es pasársela regañando: es ordenar la vida cotidiana de tal manera que no haya que discutir lo mismo todos los días.

Hay personas que fueron criados por “padres autoritarios y estuvieron muy reprimidos; entonces, deciden educar a sus hijos completamente diferente a como los educaron a ellos y no ponen límites”, señala la doctora María Elena Sánchez Azuara, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Sin embargo, es importante establecer límites en la crianza y estos tienen que responder al momento de la etapa de desarrollo del niño. Por ejemplo, “querer mantener sentado a un preescolar es imposible. A esa edad, un pequeño es espontaneidad e investigación, pero sí debe respetar el espacio de trabajo y a sus compañeros”.

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Los límites no son imposiciones

Mamá y papá van a proteger a su hijos poniendo límites, no imposiciones. Se trata de reglas de convivencia y de respeto al otro. Si esas reglas de convivencia responden a las necesidades y al momento de su desarrollo, el niño se va a sentir seguro.

Los límites brindan protección al menor, ya que generan contención frente a situaciones reales de peligro. Decirle “no” a un niño que no percibe el riesgo, le va a dar seguridad, apunta la investigadora. Y contención no es que el niño se sienta apretado o reprimido, sino acompañado.

La docente de la Licenciatura en Psicología Social de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la UAM advierte que un niño que no tiene límites puede llegar a agredir a cualquiera, incluso hacerlo de forma violenta.

UNICEF subraya que poner límites a los niños es una tarea difícil, pero fundamental y necesaria. Con ellos, los niños aprenden a pensar y a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, a tomar decisiones y a responsabilizarse de los resultados: “los adultos somos quienes tenemos la responsabilidad y la autoridad para poner esos límites. Si los límites están puestos adecuadamente, se logra un clima de convivencia en armonía, disfrutable para niños y adultos”.

“El niño tiene que aprender a respetar las reglas de convivencia de la colectividad, pues si no tiene límites, habrá problemas para relacionarse con los demás. Los límites van a permitirle sentirse amado y escuchado por sus padres”.

María Elena Sánchez Azuara, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

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