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Familia

Cuando un divorcio es inminente, ¿cómo manejarlo con los hijos?

Un divorcio o separación entre la pareja puede convertirse en un suceso traumático para los hijos si mamá o papá no saben cómo manejar la situación.

Por Nayeli Rueda

Y se casaron y fueron felices para siempre… La historia de muchas parejas no es estar juntas para toda la vida. Hace décadas no era bien visto la disolución del matrimonio, pero hoy en día ya no es un tema tabú, y el divorcio es preferible si la pareja no funciona junta, o uno de los cónyuges ya no quiere continuar con la relación.

Si en una relación de pareja ya no hay nada que salvar y la ruptura es inminente, procura no dañar a tus hijos y mantener una sana convivencia con tu expareja, pues la relación entre padres e hijos va a continuar.

La maestra en terapia familiar Norma Gutiérrez señala que el divorcio de los padres es una pérdida para los hijos e implica un duelo que tendrán que procesar y elaborar. Pero cuando los adultos no saben manejar la situación y hay reproches “lastiman a los hijos y a provocar que este proceso sea muy doloroso”.

Cada integrante de la familia lo vivirá e interpretará de distinta manera: no es igual para un niño pequeño que para un adolescente. De cómo asuman la separación los padres, es como los hijos experimentarán el suceso, comenta la psicóloga clínica, egresada de la Universidad Iberoamericana (UIA),

“Si la separación de los padres se lleva a cabo entre pleitos, para los hijos se puede convertir en un evento traumático”.

Norma Gutiérrez, psicóloga clínica

¿Cómo quieres que tus hijos recuerden este suceso? 

Cuando una separación es inminente, los hijos necesitan saber que los padres van a estar ahí para amarlos, cuidarlos, protegerlos y apoyarlos. “Los niños y niñas tendrán menos problemas si saben que su mamá y su papá continuarán actuando como padres, y que ellos los seguirán ayudando aún cuando el matrimonio se termine y papá y mamá ya no vivan juntos”, apunta la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y de Adolescentes (AACAP).

Los niños pequeños tienen que saber que la relación de pareja entre sus padres puede terminar, pero que la relación entre padres e hijos va a continuar y, en la medida de lo posible, brindarles estabilidad emocional, señala Norma Gutiérrez.

La experta recomienda tratar de no cambiarles su mundo radicalmente, sino procurar:

  • Llevarlos a la misma escuela
  • Comer con ellos 
  • Visitarlos 
  • Hacer actividades juntos 
  • Llamarlos por teléfono
  • Hacerles videollamadas

“A pesar de un divorcio o una separación, los padres pueden seguir presentes en la vida de sus hijos”.

Norma Gutiérrez, certificada en Hipnoterapia y Programación Neurolingüística 

Puedes hacer mucho

Para la AACAP, “una familia puede hacer uso de su fortaleza o de sus factores positivos durante el divorcio, ayudando así a los niños a tratar de manera constructiva con la solución al conflicto de sus padres”.

La psicóloga clínica Norma Gutiérrez recomienda que los padres se pongan de acuerdo, primero entre ellos, cómo van a manejar la separación y, después, comunicarla a sus hijos. Y si por alguna situación no lo pueden hacer, “buscar ayuda profesional para que papá y mamá logren manejar las diferencias y los enojos que hay entre ellos”.

Algo que hay que considerar es que los niños muy chiquitos no saben expresar sus emociones y pueden manifestarse con berrinches o haciéndose pipí en la cama. Detrás de esa conducta un niño o niña “puede estar sintiendo miedo y tristeza por el duelo que están elaborando. Hay que ser empáticos, escucharlos y explicarles qué está sucediendo”.

Los padres pueden apoyarse con literatura infantil para que sus hijos pequeños comprendan la separación de pareja: “los cuentos son una manera de ayudar a los niños a entender qué pasa”, agrega Gutiérrez.

Finalmente, la experta señala que, aunque los padres estén separados, los hijos deben continuar con las dinámicas familiares y mantener los límites previamente establecidos. 

En México, los divorcios se han incrementado durante los últimos años. La tasa nacional, por cada 10 mil habitantes, pasó de 11.7 en 2010 a 18.4 en 2019.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

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