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Estilo de vida

¡A jugar con disfraces todo el año!

Aunque la primavera es una época en la que los más chiquitos se disfrazan, jugar con atuendos divertidos todo el año es una excelente herramienta de crecimiento y aprendizaje.

Por Nonantzin Martínez

¿De animalito del bosque o de superhéroe? ¿De hada o de astronauta? ¿De un personaje famoso o de un monstruo aterrador? ¿De pirata o de robot? La temática es lo de menos, ¡a los niños les encanta disfrazarse!

En primavera, particularmente los pequeños de maternal y preescolar, suelen portar atuendos divertidos como parte de festivales o desfiles –aún con clases en línea, varias escuelas seguirán con esta tradición invitando a que los chiquitines se disfracen–. Lo mismo ocurre durante las celebraciones por Día Muertos y Halloween.

Pero la diversión de los disfraces no se circunscribe a estas dos fechas; a lo largo de todo el año y en fiestas infantiles vemos lo contentos que niños y niñas, de todas las edades, se muestran corriendo con largas capas, pintándose la carita y poniéndose en la piel de sus personajes favoritos. ¡Quién como ellos!

Una puerta al desarrollo de nuevas habilidades

“Jugar con disfraces es una forma de juego simbólico donde los menores representa roles y situaciones del mundo que los rodea”, explica la psicoterapeuta especializada en niños y adolescentes Stephanie Cervantes, quien cuenta con experiencia en el sector educativo de la primera infancia.

A través del juego, agrega la experta, las y los pequeños integran su mundo afectivo, identifican y conocen sus propias emociones, y adquieren y fortalecen sus áreas cognitiva y física.

Después de los tres años, empiezan a interesarse por la diferencia entre los sexos y los juegos de roles, rubro donde se ubica el juego con disfraces.

De acuerdo con el manual Jugando en Colectivo, de Colectivo Primera Infancia, que compila actividades para realizar en casa, son cinco las categorías del juego que David Whitebread, doctor en psicología del desarrollo cognitivo, propone: físico, con objetos, simbólico, socio-dramático y con reglas.

Jugar con disfraces es parte de este juego simbólico que, en experiencia del investigador, incrementa las habilidades y medios de expresión, así como la capacidad para reflexionar acerca de las experiencias vividas, las ideas y las emociones.

Asimismo, los disfraces comparten atribuciones con el juego socio-dramático, al que, según su clasificación, también se conoce como juego de rol, que es aquel donde se pretende que algo o alguien es distinto a sí mismo: “la creación de los juegos de rol tiene un gran impacto en el desarrollo de habilidades narrativas, deductivas, sociales, representativas, auto-regulatorias y auto-representativas”.

Englobando los beneficios de disfrazarse, estos:

  • Enriquecen la imaginación.
  • Fomentan la creatividad.
  • Amplían el lenguaje y habilidades de comunicación social.
  • Permiten entender el rol de las personas que rodean a los niños y niñas.

Elegir los disfraces

Si tu niño o niña te pide disfrazarse, lo primero es escuchar su opinión y decidir en función de lo que quieren, recomienda la psicóloga Stephanie Cervantes: “como adultos, podemos tomar en consideración cuestiones como la comodidad del atuendo y que sea seguro, pero la decisión es de ellos”.

Los disfraces pueden comprarse o hacerse en casa. Cuando se tiene tiempo y los materiales, confeccionarlos es un plus para pasar otro buen momento con los pequeños.

“Si observamos detenidamente a un niño cuando juega, nos sorprenderá la concentración profunda que tiene y el placer inmediato que le proporciona, la misma concentración que nosotros consideramos necesaria para llevar a cabo un buen trabajo. Y es que en el mundo del niño, juego y trabajo están muy relacionados, no se puede separar una cosa de otra, cuando un niño juega, trabaja al mismo tiempo”.

Francesco Tonnucci, psicopedagogo.

La psicóloga Stephanie Cervantes pone énfasis en la necesidad de que papás y mamás hagan el espacio necesario, en su agenda de trabajo y vida, para jugar con sus hijos e hijas: “hay que sumergirnos en su mundo de imaginación, proporcionarles un espacio seguro y estimulante, así como la libertad de desarrollar su propio juego. Y algo muy importante: que todos lo disfrutemos”.

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Finalmente, en Jugando en Colectivo se sugiere que cada facilitador de juego y, en general, cualquier persona adulta que se incorpore a una actividad lúdica debe:

  • Permitir que las niñas y los niños tomen control de las actividades.
  • Incentivar la curiosidad.
  • Guiar y apoyar a niñas y niños para que prueben e intenten las veces que sea necesario sin dar importancia a las fallas.
  • Motivar a superar emociones complejas, especialmente aquellas negativas.
  • Animar la invención de nuevas actividades de juego.

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