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Bebés

Mi bebé no quiere interactuar con los demás, ¿debería preocuparme?

Los bebés nacen con habilidades para relacionarse con los demás a través de la mirada, sonrisas, balbuceos y movimientos, pero a veces no está interesado en la interacción.

Por Carla Pérez Martínez, Dra. en Psicología Perinatal e Infantil

Hasta hace poco se pensaba que los bebés solo necesitaban cuidados físicos, como la alimentación, el cambio de pañal y dormir. Incluso se llegó a considerar que no sentían dolor y se les practicaban procedimientos médicos sin anestesia. Hoy se sabe que, contrario a lo que se pensaba, los bebés perciben todo lo que pasa en su cuerpo y a su alrededor y necesitan de la interacción con los demás para su desarrollo.

La relación que el bebé establezca con su mamá le brindará diversas oportunidades de estimulación que favorecerán su desarrollo físico y mental. En esta relación que el bebé establece con su mamá o cuidador, no es solo el adulto quien ejerce influencia en el bebé, sino que el bebé, a través de sus miradas, movimientos, gestos faciales, temperamento y emociones influye al otro de forma activa.

Este cambio de nuestra visión hacia los bebés es importantísimo para favorecer los cuidados que las mamás, las familias y las profesionales brindamos a los más pequeños. Es mirar al bebé con otros ojos y dejar atrás la idea de que el bebé no se da cuenta de lo que le ocurre, es otorgarle la presencia que requiere para su sano desarrollo, la importancia de interactuar con los demás.

Tal como menciona la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente, en su guía “El cuidado emocional del bebé y su familia”: “el bebé debe ser respetado. El bebé aunque dependiente y necesitado de ayuda, es una persona con su propio cuerpo, sensaciones y vivencias”.

Y gran parte de este respeto que los bebés merecen se demuestra ofreciéndoles presencia a través de la mirada y las sonrisas, hablándoles, teniéndolos en cuenta, ayudándoles a entender lo que sucede a su alrededor, y cuidando el entorno, incluyendo el bienestar de mamá y papá.

Cada que sostienes a tu bebé en brazos, cada que le explicas lo que está ocurriendo, cada que acudes ante su llanto y le das consuelo le estás ofreciendo presencia y estás invirtiendo en su salud mental.

La importancia de la interacción

Cuando imaginamos a un bebé sano, se nos viene a la mente un bebé sonriente, lleno de vida, activo, que busca la atención de mamá a través de balbuceos, miradas, sonrisas. Cuando el bebé está en sufrimiento o hay algo que le molesta, ya sea de su propio cuerpo o del ambiente, tratará de escapar, evitar y ausentarse de esa situación. Cuando esto ocurre, puedes notar que tu bebé:

  • No establece contacto visual.
  • Sonríe muy poco.
  • No está interesado en interactuar con los demás.
  • Balbucea muy poco o nada.
  • Parece quieto, sin movimientos corporales.
  • Parece como si no estuviera, no llama tu atención.

Estos comportamientos suelen pasar desapercibidos porque, al contrario que el llanto, no llaman la atención y podemos pensar que es “un bebé bien portado”. Sin embargo, este comportamiento de “retraimiento social” es un indicador de malestar o sufrimiento en el bebé y tiene que ser atendido.

¿Qué podemos hacer? Primero, hay que revisar si hay algo en el propio cuerpo del bebé o en el entorno que pueda estarle afectando como:

  • Dolor o enfermedad.
  • Depresión o ansiedad materna.
  • Nacimientos prematuros y cuidados hospitalarios.
  • Procedimientos médicos intrusivos (sondas, cirugías, soporte respiratorio).
  • Altos niveles de estrés en el hogar.
  • Entornos intrusivos o sobre estimulantes o, por el contrario, falta de estimulación

Si el bebé no está disponible para interactuar con los demás, esto puede afectar a su desarrollo en todas las demás áreas (lenguaje, cognitivo, motor, emocional, etc.), pues tendrá menos oportunidades de estimulación. Si algo de esto ocurre, busca apoyo con su pediatra o psicólogo.

Quienes cuidan al bebé deben sentirse bien

Recordemos que en la interacción mamá-bebé, ellos se influyen mutuamente. En muchas ocasiones, las mamás son capaces de cubrir las necesidades físicas de su hijo o hija, pero no las emocionales, debido a que su mismo estado de ánimo no les permite conectar con él o ella. Es por eso que es tan importante cuidar de la salud mental de mamá, y también la de papá, pues de esto dependerá qué tan disponible estén los cuidadores para su bebé.

Si sientes que tus emociones te rebasan, que no puedes más o que estás sufriendo, busca ayuda profesional.

Por último, y no menos importante, es fundamental la interacción, que en el día a día le hables a tu bebé, lo mires, le sonrías, contengas su llanto y acudas a él cuando te llama. Los bebés no nos manipulan ni se les malcría si los tratamos con amor: los bebés lloran porque sufren, porque necesitan ayuda y consuelo.

Como mamás, papás y profesionales a cargo de bebés, niñas y niños pequeños necesitamos recordar que, como menciona Sue Gerhardt en su libro Why Love Matters: How Affection Shapes a Baby’s Brain, “para ser un adulto independiente y seguro, debió haber sido un bebé dependiente, apegado, sostenido; en pocas palabras, amado”.

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