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Bebés

De la cuna a la cama

Estas son las consideraciones más importantes sobre cuándo hacer la transición y cómo llevarla a cabo sin problemas.

Por José Ángel Araujo

El pequeño puede amar su cuna y no tener ganas de salir de ella pero, eventualmente, tendrá que dar el paso: estrenar la cama que lo acompañará durante el resto de su niñez. Para hacer esta transición sin sufrimiento y de manera segura, hay que seguir ciertas recomendaciones.

A diferencia de algunos hitos del desarrollo de la primera infancia, como el acompañamiento para ir al baño o el inicio de los alimentos sólidos, el cambio de la cuna a la cama no siempre es algo natural. Sin embargo, Mark Widome, pediatra del Penn State Children’s Hospital, en Pennsylvania, señala como regla general “hacer el cambio antes de que los pequeños puedan subirse a su propia cuna y/o lastimarse”.

La psicóloga Stephanie Cervantes, especialista en niños y adolescentes, recomienda considerar la altura y la edad de los niños como un indicador para llevarlos de la cuna a la cama. Cuando los niños y niñas miden alrededor de 90 centímetros y tienen entre 18 y 24 meses de edad, ya tienen capacidad para saltar por encima del barandal de la cuna. Para evitar que intenten salirse, particularmente los más ágiles, hay que trasladarlos a una cama.

Si los niños son más tranquilos, podrías dejarlos después de los dos años, siempre y cuando se considere su seguridad. Sin embargo, la psicóloga advierte que mientras más tiempo permanezca un bebé en su cuna, más apegado estará emocionalmente a ella y la transición a una cama para niños puede ser más difícil.

Cuna en espera

Otro factor que podría determinar la edad de “transición a la cama” de tu hijo o hija es la llegada de un nuevo bebé. Pamela High, del Centro de Desarrollo Infantil del Hospital de Mujeres y Niños, de Providence en Rhode Island, recomienda tener especial cuidado si este es el motivo de la transición: “tener un nuevo hermano es un cambio importante y no querrás que tu hijo se sienta desplazado”. Si es el caso, lo que los especialistas recomiendan para hacerlo de una manera amigable es:

  • Hacer la transición uno o dos meses antes de la llegada del nuevo bebé, asumiendo que el niño tiene al menos 18 meses de edad.
  • Explicarle que su nueva cama es su espacio. Al dejar a tu hijo en su nueva cama, debe entender que es su lugar para dormir cuando llegue el nuevo bebé.
  • Si es posible, desarma la cuna o guárdala en una habitación donde no esté a la vista. También puedes llenarla de peluches, juguetes o ropa.
  • Independientemente del motivo del cambio, es importante que sea un paso a la vez. No es recomendable cambiar a una cama nueva cuando también están aprendiendo a ir al baño, dejando el chupón o cualquier otra implementación en su vida.

Una cama “para grandes”

Si ya es momento de dejar la cuna, es importante planificar una logística. Estas recomendaciones y consejos pueden ayudarte a mantener feliz y seguros a los pequeños:

  1. Elegir la cama. Para facilitar la transición, algunos padres colocan el colchón de la cuna en el piso, mientras que otros lo adaptan a una base nueva (más grande) en una superficie que generalmente está cerca del suelo. Aunque la cama sea nueva, de formas o colores diversos, lo importante es poder garantizar la seguridad del menor. A veces simplemente basta con instalar un barandal en una cama individual para evitar que se caiga.
  1. Ropa de cama y accesorios. Permite que tu hijo participe en su elección. Muéstrale y deja que escoja las sábanas, edredones y fundas de almohada con las que puede vestir su cama, esto hará más atractiva la hora de ir a dormir.
  1. Establece una rutina para la hora de dormir. Para facilitarle la transición, establece una rutina predecible como leerle un cuento, hablar sobre su día, recomienda la psicóloga Stephanie Cervantes.

Paciencia y apoyo en el nuevo reto

El cambio no siempre es fácil para todos. La Academia Americana de Pediatría señala que a veces los pequeños lloran e insisten en querer volver a la cuna, proceso que puede durar hasta dos meses. Es fundamental mantenerse positivos y entender que será un periodo de adaptación.

La nueva libertad también podrá volverlos más curiosos y activos. Si el niño o niña se baja de la cama, regrésalo nuevamente con calma y silenciosamente; dile que debe quedarse en cama y que todo estará bien.

Al hacer la transición de la cuna a la cama, la comunicación y la paciencia son necesarias.

Tampoco des por hecho que el momento llega solo porque lo crees así. Es posible que tu hijo o hija no soporte la idea de tener una cama grande. La Academia señala que un regreso temporal a la cuna no es gran cosa; los niños pequeños maduran rápidamente y podría estar listo en uno o dos meses más. No hay que apresurarse en esta importante transición.

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