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Las vacunas salvan vidas

La vacunación disminuye la morbi-mortalidad de muchas infecciones prevenibles y evita la aparición de secuelas graves si se padece alguna de ellas. No hay pretexto para no vacunar a niños y niñas.

Por Nayeli Rueda

Si quieres a tus hijos, buscarás protegerlos. Una de las mejores maneras de hacerlo es llevándolos a vacunar. La vacunación ha permitido que, en los primeros años de su vida, niñas y niños no padezcan enfermedades graves, afirma la bióloga Gabriela García Pérez, jefa del Laboratorio de Microbiología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de México (UNAM).

El piquete puede ser un poco doloroso y los menores presentar un poco de fiebre y estar chillones, pero este momento incómodo jamás se va a comparar con que tu bebé enferme de gravedad y necesite ser hospitalizado: “siempre será mejor vacunar y tener algunas molestias que padecer las repercusiones o el peligro de la enfermedad misma”, señala la doctora.

Si nos vacunamos, gozaremos de mejores condiciones de salud, entonces, ¿por qué muchos padres y madres no vacunan o completan el esquema de vacunación de sus hijos? Datos recopilados por Save the Children arrojan que, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), 48.3 por ciento de infantes están en riesgo de contraer enfermedades por no completar el esquema de vacunación. En tanto, para la Encuesta Nacional de Niños, Niñas y Mujeres (ENIM), realizada por la UNICEF y el INSP, la estimación de cobertura completa de la cartilla de vacunación en tiempo durante los primeros mil días es de solamente 34 por ciento de niñas y niños, y 6 por ciento no reciben ninguna vacuna.

Lactancia: la primera vacuna de tu bebé

Cuando un bebé nace no ha generado una respuesta inmune contra muchos de los microorganismos que están en el medio ambiente. La primera protección será la materna a través de la leche. Si es amamantado, “el niño tendrá inmunidad porque la leche materna lleva consigo una gran cantidad de moléculas y anticuerpos”, comenta la Dra. García Pérez.

Posteriormente vendrán las vacunas, las cuales se aplican a partir de los dos meses de edad y en distintos momentos de vida de los infantes. ¿Y si no vacuno a mi hijo? Los padres deben tener información verídica de qué puede pasar si deciden vacunar, o no, a sus pequeños. “Hace años, muchas enfermedades afectaban a la población infantil de manera importante, como la tosferina, el sarampión, la varicela o la poliomielitis, entre otras. Hoy tenemos antígenos muy efectivos para evitar que la población infantil enferme de gravedad o muera. Las secuelas de muchas enfermedades se han eliminado y ahora no se conocen. Gracias a las vacunas estas patologías se han vuelto raras o erradicado”, señala la especialista.

Es importante contar con la Cartilla Nacional de Salud y completar el esquema como se indica. Este documento es útil para el sector salud y para los padres, quienes deben estar pendientes de qué vacunas y cuándo se las deben poner a sus hijos.

Algunas consideraciones

Cuando no existía la vacuna de la poliomielitis, algunos niños presentaban una gripe leve, pero a otros el virus los afectaba seriamente y atacaba su sistema nervioso central de manera considerada. Incluso, provocaba su muerte: “tenían un paro respiratorio al impedir que los músculos del tórax pudieran funcionar adecuadamente”, explica la bióloga.

La vacuna contra la hepatitis B también ha demostrado una alta eficacia. Pero si una persona decide no vacunar a su niña o niño y a una edad avanzada llega a adquirir este virus, puede desencadenar cáncer de hígado.

Muchos niños pueden enfermar de sarampión y presentar un cuadro clínico transitoriamente fuerte, o llegar a complicar y hasta provocar ceguera o la muerte.


“Una vacuna es una preparación biológica que provoca una respuesta inmune en el cuerpo para protegernos de alguna enfermedad”.

Dra. Gabriela García Pérez, Faculta de Medicina de la UNAM.

La Cartilla Nacional de Salud para niñas y niños de 0 a 9 años contempla la protección de las siguientes enfermedades: tuberculosis, hepatitis B, difteria, tosferina, tétanos, poliomielitis, infección por Haemophilus Influenzae b, diarrea por rotavirus, infecciones por neumococo, influenza, sarampión, rubéola y parotiditis.

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